
Sé que existo,
porque cada vez que hurgo en mi interior
escucho el correr del agua.
Un hombre se sostiene en otro,
su espalda apenas puede dejarle signos de vuelo,
pero todos pudimos ser ángeles en un tiempo pretérito.
Calcino las verdades, las que tienen precio disuasorio,
rompo los hilos que sostienen el suelo bajo mis zapatos.
Suelto pájaros, ellos anidan el viento y las nubes
para rehacer las estaciones.
Hay verbos conjugados en mis manos,
besana de sueños
que buscan desenterrar un mundo subterráneo.
Cada hombre tiene otros hombres que le contemplan,
sombras que esperan su llegada
para saber que un día han existido.
.
(Lastura 2013)