
HAY UNA MELODÍA EN EL SILENCIO, cierta incertidumbre en el vuelo de un pájaro, un rigor en la luz, la
urgencia hecha ley en la sombra, un viento que encendido en la tarde deja en el aire jirones de adviento.
Hay en la lluvia un lamento antiguo, lumbre en el
agua, una visión de lo puro. Cada vez que veo en la tierra un reflejo de nubes rastreando el suelo, percibo un
escalofrío y en la humedad cierta respiración de la
muerte, una serena presencia de difusos ángeles, siento
la sensación del naufragio, la que deja a un hombre ante
su verdad más intima.
Pero es la noche la que siempre me tiene subyugado en la desnudez de las palabras. Sus manos siembran
lunas ante mis ojos, es allí donde me reflejo tan sincero
como solo puedo serlo conmigo mismo…Estremecido,
tengo que esperar a ese irme despacio hacia dentro,
como si la luz y los primeros brotes del día me dieran
de nuevo la necesaria distancia diaria con la vida.
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(La Fragua del Trovador, 2014)